Biografia del Presidente Electo de RI - Holger Knaack

Joven de espíritu

Holger Knaack tiene una visión renovada del Rotary del futuro. Con ayuda de sus amigos, las cosas deben funcionar satisfactoriamente

por Jenny Llakmani | fotografía: Samuel Zuder

 

Holger Knaack pasa la aspiradora

El Club Rotario de Herzogtum Lauenburg-Mölln ha concluido su bazar de Navidad anual en el claustro de la Catedral de Ratzeburg, que data del del siglo XII. Tras dos días de ventas de artesanías, muérdago, pasteles y galletitas caseras, el club obtuvo una recaudación aproximada de 8000 euros, que este año se destinará a brindar ayuda a niños gravemente enfermos. Mientras los socios del club desarman los stands y guardan las sillas y mesas, Knaack toma la aspiradora y se concentra en limpiar el piso a conciencia, para que no queden ni una sola miga ni mota de polvo, ni fragmentos de oropel.

En este momento, Knaack es el presidente electo de Rotary International, y se prepara para tomar posesión del cargo de presidente el 1 de julio de 2020. No obstante, sigue siendo un rotario más, afiliado a su club desde hace 27 años, que trabaja igual que todos los demás socios. “Él quiere ser solo un amigo entre amigos”, afirma la socia del club Barbara Hardkop.

Hay una frase en alemán que dice: man holt die Leute ins Boot. Significa poner a la gente a trabajar en torno a una misma meta. Durante el año venidero, los rotarios descubrirán que Holger Knaack no es de los que se quedan mirando mientras los demás trabajan. Igualmente importante es para Knaack la filosofía de que trabajar mucho no impide pasar momentos agradables. A medida que transcurre este año y pone a la gente a trabajar —especialmente para impulsar su principal prioridad, invertir en la gente joven— no escatimará esfuerzo alguno para que todos lo pasen muy bien.

“Para Holger se trata de un principio básico”, indica su viejo amigo Hubertus Eichblatt, socio del mismo club. «Cuando nos reunimos, tenemos que divertirnos».

 

Holger Knaack es un presidente atípico, y no solo porque se viste de jeans y en la mayor parte de los casos prefiere no ponerse corbata. Knaack es el primer presidente alemán de la organización, y llegó a este cargo de manera poco tradicional. A diferencia de muchos de sus antecesores, no pasó por todos los niveles de cargos en Rotary. Prestó servicio en calidad de presidente de club y gobernador de distrito, pero antes de ser elegido director solo había ejercido un cargo en Rotary International: líder de capacitación. Knaack recuerda que en un Instituto Rotario, cuando le preguntaban qué otros cargos distritales había desempeñado antes de ser elegido gobernador, “les respondía, ‘Ninguno. Ninguno’. Y todos se quedaban muy sorprendidos”.

Knaack es conocido por su participación en el programa de Intercambio de Jóvenes de Rotary. Para él y su esposa, Susanne, se trata de una experiencia profunda y extraordinariamente significativa. Aunque no tienen hijos, han abierto las puertas de su hogar y sus corazones a un gran número de estudiantes. “En la casa de los Knaack siempre hay invitados, especialmente gente joven”, señala Helmut Knoth, otro amigo y socio del club de Holger. “A lo largo de los años, han recibido cientos de invitados”.

Poco tiempo después de afiliarse a su club rotario en 1992, Knaack ayudó a organizar un campamento para estudiantes de Intercambio de Jóvenes de corto plazo en el norte de Alemania y verdaderamente «se enganchó» de inmediato. «Me pareció un programa excelente», afirma. «Como decimos en alemán, wo dein Herz aufgeht: Te abre el corazón. Los jóvenes con los que hables siempre te dirán que fue el momento mejor de su vida. A veces creo que se sorprenden de lo que son capaces de lograr, y de las posibilidades que les brinda Rotary».

A Holger Knaack también se le ofrecieron oportunidades. Fue designado presidente del Comité de intercambio de Jóvenes de su club, y tras ejercer el cargo de gobernador del Distrito 1940 en 2006-2007, le pidieron que presidiese la Organización multidistrital alemana del Intercambio de Jóvenes, cargo que ejerció hasta comenzar su mandato en la Directiva de Rotary International en 2013. A lo largo de su trayectoria, Knaack indica que siempre confió y trabajó con otras personas. «Forjamos una visión juntos, y después seguimos avanzando», afirma. «Cada uno trabaja de manera un poco distinta a los demás y todos seguimos caminos distintos, pero la meta siempre debe ser la misma».

Da la impresión de que la gente joven intuye la manera de proceder de Knaack. “Holger tiene una visión y la está implementando”, indica Brittany Arthur, socia del Club Rotaract de Berlin y del Club Rotario de Berlin International. “Y resulta claro que esta visión no es nueva para él. Holger y Susanne han recibido a muchos estudiantes de Intercambio de Jóvenes. ¿Creen que realizaron esa labor para que en 2020 Holger pudiera decir que necesitamos invertir en la juventud? Esta labor es parte de su identidad”.

Arthur piensa que la voluntad de Knaack de invertir en “potencial y no experiencia” es inusual. En 2012, como becaria de Buena Voluntad australiana cursando estudios en Alemania, tuvo una breve conversación con él en la reunión del club. Esa charla la llevó a realizar una presentación sobre su “momento rotario” en el foro pro paz en Berlín patrocinado por el presidente 2012-2013 Sakuji Tanaka. Arthur pensó que esa experiencia concluía con dicha presentación. Sin embargo, Knaack, quien además de haber organizado el foro estaba planificando un Instituto Rotario, tenía otras ideas. “Acababa de hablar ante cientos de rotarios”, recuerda. “Estaba muy contenta, y entonces Holger me dijo: «Quieres ayudar en el Instituto?» Y respondí: ¡Sí!’»

Al igual que otros rotarios, Arthur percibe la profundidad de la persuasiva personalidad de Knaack. “Es un hombre gracioso y agradable, pero muy serio a la hora de tratar de ciertos asuntos. Por eso es un líder tan interesante: Porque se adapta a trabajar en muy distintos niveles cuando hace falta”.

 

Aunque a Holger y Susanne Knaack les encanta viajar, ambos han pasado su vida no muy lejos de la localidad donde nacieron: ella en Ratzeburg y él en el pueblecito cercano de Groß Grönau, aproximadamente 64 kilómetros al noreste de Hamburgo. Los esposos Knaack crecieron en hogares sorprendentemente similares. Nacieron ambos en 1952 y vivían en la planta alta del negocio familiar: el padre y el abuelo de Susanne eran fabricantes de salchichas y la empresa panificadora de la familia de Holger había sido fundada por su tátara tátara abuelo en 1868. “Nos brindaron mucho amor”, recuerda Knaack. “Todos nos cuidaban; siempre sabían dónde estábamos”.

Hubertus Eichblatt también creció en Ratzeburg, donde su hermana y Susanne, cuyo apellido de soltera era Horst, fueron amigas durante la infancia. “La casa de la familia Horst siempre tenía las puertas abiertas para nosotros, y la casa de Holger era exactamente igual”, añade Eichblatt. “Los amigos siempre entraban y salían como si tal cosa”.

 

 

 

Holger y Susanne viven en la casa que perteneció a la abuela de Susanne; al lado, la hermana de Susanne, Sabine Riebensahm, vive en la casa donde ambas pasaron su niñez. Hace una década, tras la muerte de su esposo, la hermana de Holger, Barbara Staats, se mudó a un apartamento en el piso de arriba de esa casa. Ambas viviendas cuentan con un total de nueve habitaciones para invitados, y, como Barbara tiene 12 nietos, además de recibir un gran número de estudiantes y exbecarios de Intercambio de Jóvenes y diversos amigos, al menos una de esas habitaciones suele estar ocupada.

Cada mañana, todos toman café juntos en un rinconcito acogedor de la sala de estar de Holger y Susanne, donde a través de los enormes ventanales cuentan con vista al Küchensee, uno de los cuatro lagos que rodean Ratzeburg. A menudo almuerzan juntos también y después vuelven a tomar café. A continuación Holger tiene un ritual: Pese a su gran tamaño, se recuesta en el pequeño sofá para dormir la siesta, mientras Susanne, Barbara y Sabine siguen de charla. “Le gusta oírnos hablar mientras duerme la siesta”, indica Sabine.

Los cuatro se turnan para cocinar, ir de compras u otras tareas del hogar. “Cuando alguien necesita cualquier cosa no tiene más que pedir ayuda”, afirma Holger. “Creo que esa es la manera perfecta de vivir: juntos. Para cualquier cosa, el secreto consiste en preguntar: ¿Cuál es tu meta? Esa es exactamente nuestra meta, nuestra manera de vivir”.

Un sábado en pleno diciembre, Holger, Susanne, Barbara y Sabine preparan boeuf bourguignon en cantidad suficiente para los 23 amigos de confianza que los Knaack hospedarán el día siguiente. Al mismo tiempo están planeando el menú para la Navidad, cuando recibirán a 15 personas, 16 si se decide a aceptar su invitación una joven egipcia que cursa estudios en Alemania, la hija de unos rotarios que conocieron en un Instituto Rotario que tuvo lugar en Sharm el-Sheikh (Egipto).

Helmut Knoth nos cuenta que la hospitalidad de los Knaack ha sido un «golpe de suerte para Rotary». Al menos una vez por año organizan una fiesta allí, en su hermoso jardín”, señala Knoth. “Cuando hace buen tiempo, vamos a nadar. En invierno se celebra un evento tradicional para el cumpleaños de Holger. Nos reunimos en el club de remo y hacemos un recorrido por todo el lago”. Todos los regalos consisten en donaciones a la Fundación Karl Adam, que Knaack instituyó como apoyo al club de remo. (Ratzeburg es famosa por dicho club, cuyos socios constituyeron la base de los equipos alemanes que obtuvieron la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1960, 1968, 2000, 2004 y 2012. Al cofundador del club y entrenador durante mucho tiempo, un profesor de secundaria de la localidad llamado Karl Adam, se lo considera uno de los mejores entrenadores de remo de todos los tiempos y  creador de los que se conoce como “estilo Ratzeburg”.)

Mientras miran los álbumes de fotos familiares, los Knaack hablan de las vacaciones que disfrutaban durante su infancia: Holger y su familia en la isla de Sylt en el Mar del Norte y Susanne y los suyos en la costa del Mar Báltico. A pocos kilómetros de su hogar, la familia de Holger también tenía un gran jardín donde pasaban los fines de semana. Tenía a mi disposición los bosques y prados para explorar. «Disfuté de una infancia perfecta», afirma.

El hogar donde Holger vivió durante su niñez estaba ubicado a 500 metros de un pequeño río, el Wakenitz, parte de la frontera con Alemania Oriental. “Yo creía que el mundo terminaba allí”, recuerda. En verano, él y sus amigos demostraban su intrepidez cruzando el río a nado. Del otro lado había un pantano, un campo minado y las torres de vigilancia donde se situaban los guardias germano-orientales. Tras la caída del Muro de Berlín en 1989, afirma, “lo primero que hicimos fue explorar la otra orilla del río en bicicleta. Las torres de vigilancia estaban abiertas. Jamás había visto nuestro propio pueblo y nuestra propia casa desde esa perspectiva”.

Cuando era joven, los fines de semana y días festivos, Holger trabajaba de chofer repartidor para la panificadora de la familia. Una vez concluidos sus estudios secundarios, aprendió el oficio de panadero, mediante su trabajo en otra empresa del ramo durante dos años, en el marco de su Ausbildung, programa de formación profesional. “Sé hornear una gran variedad de productos”, dice animadamente. “Y todavía me gusta hornear. Para hacer las cosas bien hay que amar lo que uno hace. Más allá de las técnicas de marketing, lo que verdaderamente importa es la calidad. La calidad significa amar el producto e intentar hacerlo de la manera mejor posible. Pero hay que dedicarle tiempo. Ese es el secreto de muchas cosas”.

Después de su Ausbildung y un año de prácticas en una gran panificadora en Stuttgart, se trasladó a la ciudad de Kiel para estudiar administración de empresas. En la primera asamblea de estudiantes, le atrajo la atención la chica que en el futuro iba a ser su esposa. “Vi a Susanne por primera vez el 20 de septiembre de 1972”, indica. “Me acuerdo muy bien”.

Holger no impresionó de la misma manera a Susanne, seguramente porque en la clase había 94 hombres y solo tres mujeres. No obstante, al poco tiempo se hicieron amigos y algo más. Los fines de semana regresaban a sus hogares, y cada uno trabajaba en su respectiva empresa familiar. Los domingos, antes de regresar a Kiel, Holger llenaba su automóvil con panes de la panificadora de la familia Knaack y Susanne cargaba su vehículo con salchichas de la charcutería de los Horst. “Nuestros amigos lo sabían y, naturalmente, les encantaba visitarnos los lunes”, recuerda Susanne entre risas.

Después de graduarse en 1975 y casarse un año después, siguieron trabajando en los negocios de sus respectivas familias. Entonces, la empresa panificadora de los Knaack contaba con varias panaderías y aproximadamente 50 trabajadores. A finales de la década de 1970, tras relevar a su padre y ponerse a cargo de la empresa, Knaack decidió ampliarla. Decidió, también que quería saber exactamente de dónde procedía el grano para hornear sus panes. Por tal motivo, recurrió a su amigo Hubertus Eichblatt, agricultor que había formado una cooperativa con otros labradores. Asimismo, Knaack se puso de acuerdo con Günther Fielmann, el óptico más importante de Europa quien había invertido en cultivos de granos orgánicos en su propia granja: Hof Lütjensee. Knaack and Fielmann aunaron esfuerzos para instalar su propio Molino y comercializaron productos panificados orgánicos, concepto que hace 30 años era nuevo. “Holger siempre fue muy innovador”, expresa Eichblatt, “muy adelantado respecto a estos asuntos”.

Otra innovación de Knaack fue instalar hornos de pan en cada tienda. Anteriormente el pan se horneaba en la fábrica y los panes se distribuían a las tiendas. La idea de Knaack era que la masa siguiera siendo preparada en la fábrica y luego se congelaran las porciones para distribuirlas a las panaderías minoristas donde eran horneadas. El eslogan que ejemplifica tal concepto era Der frische Bäcker, “el panadero del pan fresco”. En la actualidad, casi todas las panaderías de Alemania trabajan de esa manera.

Knaack siguió ampliando la empresa, que llegó a tener 50 tiendas, además de la fábrica con cientos de empleados. Asimismo, recibió una oferta de compra de su compañía, por parte de una compañía internacional que invierte en la industria panificadora. La oferta era muy buena y Knaack la aceptó. Siendo un hombre de cuarenta y tantos años, todavía joven, se dedicó a otros negocios y comenzó a jugar al golf (y en poco tiempo llegó a ser presidente de su club de golf). Knaack había sido socio activo de la Round Table (Mesa Redonda), organización para personas menores de 40 años, y a los 39, se afilió al club rotario de la vecina localidad de Mölln (siguió siendo socio de esa entidad, incluso cuando fue constituido un nuevo club en Ratzeburg al cual se unieron muchos de sus amigos). Y no transcurrió mucho tiempo hasta que descubrió su vocación al participar en el programa de Intercambio de Jóvenes de Rotary.

 

Ratzeburg, ciudad que conserva su arquitectura medieval, con su catedral y sus casas de entramado de madera, está situada en una isla rodeada de cuatro lagos glaciales. En el estado de Schleswig-Holstein, situado en el norte de Alemania, abundan los lagos de ese tipo, y al recorrer las sinuosas carreteras los viajeros disfrutan un panorama de la verde campiña, y las granjas y pueblecitos construidos con el característico estilo regional de ladrillo a la vista. Sin embargo, los estudiantes que se hospedaron en casa de Holger y Susanne encontraron algo mucho más profundo que un experiencia pintoresca en Alemania.

Juraj Dvořák fue uno de los primeros estudiantes que recibieron los Knaack, en 1996. Después de regresar a su hogar, en Eslovaquia, ese joven de 16 años envió una postal a Holger y Susanne, quienes a su vez lo invitaron a repetir la visita. Pero cuando el padre de Dvořák murió de un ataque al corazón, el joven eslovaco informó a los Knaack que iba a cancelar el viaje. Holger y Susanne, y la madre de Dvořák, insistieron en que la visita tuviera lugar de todos modos.

 “Me quedé una semana en su casa, e hicieron todo lo que pudieron para ayudarme”, recuerda Dvořák. “Desde entonces hemos sido buenos amigos. Si no hubiese conocido a Holger y Susanne, y si no me hubiesen orientado en muchos aspectos de la vida, no habría conseguido lo que tengo ahora”. Dvořák actualmente preside una compañía de inversiones privadas en Viena, pero no se refiere al éxito material. “Con ellos partí desde cero hasta llegar a ser alguien, no en cuanto a dinero sino en cuanto a desarrollar una personalidad sana”.

Holger y yo “siempre conversábamos acerca de temas profundos”, afirma Dvořák, quien aún visita a los Knaack todos los años. “Holger me enseñó que lo más importante en la vida no es el dinero sino disfrutar el propio trabajo y disfrutar la vida. Me dijo que debería viajar y conocer el mundo. Y también me llevó a numerosas reuniones con sus amigos rotarios. Aunque en aquel momento no sabía por qué, con el paso del tiempo comprendí que me ofrecía una oportunidad incomparable de aprender a comportarme con gente a la que no conocía. Holger me hizo crecer”.

Respecto a Holger y Susanne, afirma: “Son gente de corazón grande y se hacen responsables por los jóvenes a los que aconsejan. Son distintos de la mayor parte de la gente. Son personas de primerísimo nivel”.

Los esposos Knaack toman muy en serio su responsabilidad en calidad de mentores de los estudiantes. “La principal meta del Intercambio de Jóvenes es descubrir otra cultura, aprender todo lo posible sobre esa cultura”, expresa Holger. “El aspecto que más sorprende de este programa es que los padres envían a sus hijos a cualquier parte del mundo y confían en que los rotarios los tratarán como a sus propios hijos. Eso es algo que nos distingue de todas las demás organizaciones de servicio”.

Paula Miranda se hospedó durante tres meses en casa de los Knaack, sus primeros anfitriones durante el año de su intercambio en 2008. En enero, había llegado a Ratzeburg desde su país, Argentina: “Eran las cuatro de la tarde y en Alemania ya estaba oscuro. Miré a mi alrededor y me pregunté dónde estaba. Y me dieron la bienvenida con una comida alemana».

Un mes después, cuando Miranda cumplió 19 años, Holger y Susanne le organizaron una fiesta de cumpleaños con un asado a la parrilla, igual a los que hacemos en Argentina”, recuerda. “Querían que me sintiera como en mi propia casa y les agradezco mucho la hospitalidad brindada. La experiencia que viví ese año no hubiera sido la misma sin anfitriones como los Knaack. Verdaderamente, los amo”.

Alois Serwaty, exgobernador del Distrito 1870, conoció a los Knaack hace 25 años, en una conferencia multidistrital de Intercambio de Jóvenes. “Holger y Susanne son gente de trato directo y sencillo, lo cual atrae y motiva a la gente joven”, indica Serwaty. “Cuando los conoces, te das cuenta de inmediato que les gusta tratar con personas jóvenes. Holger está convencido de que Rotary debe seguir siendo joven y que trabajar para la juventud y con la juventud es lo que nos mantiene jóvenes”.

Dvořák está de acuerdo: “Estuve con Holger en diciembre, y en estos 24 años sigue igual. Sigue siendo el mismo, quizá con alguna que otra arruga. Es indudable que el programa de Intercambio de Jóvenes es lo que le da energía”.

 

Una frase muy común entre los rotaractianos alemanes es auf Augenhöhe begegnen, tratar a los demás de igual a igual. “Eso significa que cuando partimos de la misma base, somos todos iguales”, señala Susanne. “No importa si eres directora de una empresa o chofer de furgoneta. Conversas sobre un asunto y propones soluciones, sin que tu interlocutor se sienta como que ha recibido una orden”.

Según sus amigos y familiares, Holger tiene talento para trabajar con otras personas y reconocer sus propias limitaciones. “Si el mismo no sabe hacer bien cierta tarea, sabe delegarla en la persona idónea”, expresa riendo Susanne. “Tiene un talento especial para intuir qué persona es la adecuada para cada tarea”.

Susanne cita otro ejemplo: el éxito que tuvo al trabajar con los rotaractianos en el Instituto Rotario de Berlín. “Le dijeron que iban a encargarse de las sesiones paralelas, y en vez de desalentarlos con un ‘No se puede’, les dijo ‘Adelante’”. Holger deposita su confianza en otras personas y así las impulsa hacia el éxito. Pero aunque delegue, sigue estando ahí, monitoreando las actividades entre bastidores. Lo mismo ocurrió en la Convención de Hamburgo 2019”, evento para el cual Knaack y Andreas von Möller fueron los copresidentes de la Comisión Organizadora Anfitriona. “En la Convención también participaron muchos rotaractianos”.

Una de las metas de su esposo, indica Susanne, es seguir impulsando el acercamiento entre Rotary y Rotaract. “Lo entusiasman las metas que desea lograr”. Y cuando lo anima ese entusiasmo, “también entusiasma a los demás”, añade la hermana de Susanne, Sabine. Como observó Brittany Arthur, “te hace sentir que estás invirtiendo en su visión”.

Mientras degustan capuchinos en el soleado café del Hotel Seehof de Ratzeburg, los amigos de Knaack, Hubertus Eichblatt, Helmut Knoth, Jens-Uwe Janssen y Andreas-Peter Ehlers —al igual que Holger, socios del Club Rotario de Herzogtum Lauenburg-Mölln— están de acuerdo en que Holger posee un talento singular para trabajar con voluntarios. Ehlers recuerda el año en el que se desempeñó como secretario del distrito durante el año de Knaack en calidad de gobernador. “Antes de su mandato”, indica, “los otros gobernadores se limitaban a decir ‘alguien debe encargarse de esto’ o ‘¿quién va a hacer esta tarea?’. Holger, en cambio, era muy específico: ‘Hubertus, pienso que eres la persona perfecta para encargarte de este asunto. Lo veo de esta manera. Esto es exactamente la tarea adecuada para ti, Hubertus, me encantaría que te hicieras cargo. ¡Me alegra que aceptes este encargo!’ Tiene una manera de decirte las cosas que no hay manera de negarse. Y te complace aceptar sus propuestas, porque no te lanza al ruedo y se marcha. Vuelve al cabo de un mes y te pregunta: ‘¿Todo bien, Hubertus? ¿Te puedo ayudar en algo?” ’’

Eichblatt ríe al compartir sus impresiones, e insiste en que el éxito de Knaack se basa en que sabe transmitir su entusiasmo a otras personas y porque sabe dar ejemplo: “Ejemplifica estas características positivas y por eso le resulta fácil convencer a los voluntarios para que realicen la labor asignada”.

Mientras hablan sobre las buenas cualidades de Knaack, repiten lo que dice mucha gente: que jamás está de mal humor. De todos modos, como buenos amigos que son, insisten en que no es perfecto. “Tenemos que encontrarle una debilidad”, piensa Eichblatt, antes de detenerse en un leve defecto. “Le preocupa mucho estar a la moda. ¡Sus anteojos!”

La sola mención de sus lentes, suscita la reacción inmediata del grupo. «Es el único que lleva anteojos de ese tipo», comenta Ehlers. «Y si se rompen no hay problema porque tiene otros de repuesto»

 “Son su seña de identidad”, agrega Knoth. “Que yo sepa, solo Holger tiene anteojos así. Siempre viste jeans y rara vez se pone corbata. Se lo ve joven y, ¡es joven! Los viejos amigos asienten y ríen mientras terminan de beber sus capuchinos.

 

La filosofía de Knaack —no importa lo ardua que sea la labor, también hay que divertirse— se aplica especialmente a Rotary. “Para él es divertido viajar, hablar con la gente”, expresa Susanne, socia fundadora del Ciberclub Rotario de Hamburg Connect. “Rotary para Holger es diversión, y también lo es para mí”.

Knaack quiere que todos disfruten de Rotary y que se sientan orgullosos de formar parte de la entidad. “Todos nosotros amamos esta organización y debemos trabajar para fortalecerla”, insiste. “Hacer más no cuesta mucho: involucrarnos más en nuestros propios clubes, interesarnos en nuestros amigos, participar más en programas y proyectos. Cada uno de nosotros debe preguntarse: ¿Participa nuestro club en el Servicio a la Juventud? ¿Se nos ocurren mejores ideas para la captación de fondos? Y el club también tiene la responsabilidad de hacer que la gente se sienta bien, se sienta bienvenida y orgullosa de pertenecer al club. Ser rotario tiene que sentirse como algo especial”.

Al pensar en el año que se avecina, Knaack destaca que al presidente de Rotary se lo invita a numerosos eventos, incluidas las conferencias de distrito, y envía un representante a la mayoría de ellas. Sin embargo Knaack piensa asistir —aunque sea virtualmente— a la conferencia del Distrito 1940, cuyo gobernador durante este año, Edgar Friedrich, es socio del Club Rotario de Herzogtum Lauenburg-Mölln. “Creo que se me permitirá hacer una excepción para mi propio distrito, especialmente si el gobernador es socio de mi club”, afirma Knaack. “Independientemente de los cargos que hayamos ejercido en Rotary y de cuán importante hayamos sido, en última instancia somos socios de nuestro propio club rotario y nos alegra estar entre amigos.

 “Por eso tenemos que prestarles atención a nuestros clubes rotarios, y a nuestros amigos en dichos clubes. No importa si uno fue presidente. En el fondo, lo importante es que uno está entre amigos”.

 

 

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“Es un hombre gracioso y agradable, pero muy serio a la hora de tratar de ciertos asuntos. Por eso es un líder tan interesante”.

 

«Creo que esa es la manera perfecta de vivir: juntos. Para cualquier cosa, el secreto consiste en preguntar: ¿Cuál es tu meta? Esa es exactamente nuestra meta, nuestra manera de vivir».

 

“Holger me enseñó que lo más importante en la vida no es el dinero sino disfrutar el propio trabajo y disfrutar la vida”.

 

“Tenemos que prestar atención a nuestros clubes rotarios, y a nuestros amigos en dichos clubes”.